El Pasador de Libros

Historias de un Pasador de Libros

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colaboraciones a: lawrence.ae@gmail.com

Thursday, December 21, 2006

Si Todo Funciona, Lo Demás no Importa


Las instituciones públicas, sean de la índole que sean, tienen que rendirle cuentas al Estado y ahora más recientemente a normas internacionales preestablecidas, que evalúan el desempeño de las instituciones o empresas. No voy a ahondar en esto, no es mi intención latearlos, no pretendo dar datos ni generalidades exactas.
En este sentido las cifras que las instituciones entregan o la imagen que proyectan a la comunidad, son los factores más importante en su valoración y posicionamiento. Muchos de ustedes han sido testigos de las cuentas que entrega su institución a fin de año o de los distintos seminarios en donde las estadísticas juegan un rol preponderante cuando se trata de dejar con la boca abierta al público o directivos de otras organizaciones.
Sin embargo, hay un mundo dentro de estas entidades, exitosas o no, que para algunos, su funcionamiento pareciera no importar; son las llamadas “personas”, si, las mismas, siempre están allí, trabajando diariamente con una sonrisa de oreja a oreja aguantando malos tratos y humillaciones de distinta índole, pero con el corazón bien comprometido, total, a la hora de que las cifras respondan, nos sacamos todos una foto con una gigantografía de las normas ISO, ¿qué más se puede pedir?
La imagen y las cifras son los grandes dioses de nuestro sistema, todo gira entorno a ellas, las presiones laborales a los empleados y profesionales corresponden a la necesidad de llegar una meta determinada. En ese proceso participan distinta gente a la que se le desconoce el derecho a sentir, a dudar, a pensar y actuar según lo que cree. Si se llega a la meta, viene el discurso que supuestamente los aúna a todos, sin embargo, la decisiones son unilaterales, las planificaciones y los objetivos ¿son totalmente participativas?
El empleado siente un vacío, una desazón que a veces no sabe ni lo que es, pero la organización está lista y piensa en todo, es cuando nos obligan a ir a un seminario de “comunicación” o nos mandan a unos estudiantes de psicología en práctica para que hacernos un experimento y llegar a la mágica conclusión de que en nuestra organización, existen problemas de comunicación y al final terminamos abriéndoles los ojos nosotros a ellos de cómo es el mundo fuera de la teoría. Todos hemos asistido a alguno de estos maravillosos cursos, con esas dinámicas o representaciones de situaciones cotidianas que me hacen sentir como si estuviera en el programa de Lucho Jara. Se supone que el personal aprovecha para descargar su irritación o su rabia, ¿pero que recibe como respuesta?; “sonríale al mundo con optimismo y fe” y nos sacan la foto con el diploma. A partir de ese momento nos encontramos listos para volver al trabajo y armar la revolución. Pamplinas, somos todos Keanu Reeves en “Matrix” enchufados a una especie de cordón de plata con el “mundo real”. Me he preguntado muchas veces cual es el rol del psicólogo en nuestra sociedad, es el sanador del alma que concibió Freud o es el que transporta la píldora en una bandeja para que nos mantengamos en el mundo de la ilusión y funcionemos lo mejor posible.
Nos tratan como a niños sin pensamiento, sin sentimiento, que lo único que quieren es dinero y cuando tenemos un problema es que queremos provocar problemas. Las personas son las que hacen funcionar a las instituciones, eso lo han entendido muchos, sobre todo en el área privada, pero aún se mantiene aquella mentalidad de fundo de vigilar cautelosamente los pasos del peón, mantengamos la distancia, la verticalidad, no se me vayan a subir al chorro estos rotos, mantengámoslos a raya, no le demos toda la información o directamente no le digamos nada, es el mejor mecanismo de control. La información dentro de una organización es crucial, la autoridad lo sabe, la autoridad mediocre la maneja para el control. Esta es la mentalidad que por lo menos se da en la administración pública, no en vano fue portada del diario del Estado, en cuanto al problema de los abusos.

En fin, este peón se va a trabajar y luego a tomarse algo con el viejo pascuero que tiene a los ciervos en huelga y está profundamente deprimido.

Friday, December 01, 2006


Sobre el Estrado
Deambulandores y parlanchines solitarios



Una amiga y socia de la biblioteca me ha comentado en varias oportunidades acerca de unos jóvenes que deambulan por la terraza de un lado para otro hablando solos, son los llamados usuarios externos, no socios, pero frecuentan la sala de lectura y también en el parque que se ubica frente a ella. Son jóvenes estudiantes que Anna denomina como locos que con conductas extrañas. Digo que son estudiantes porque hay una buena parte del día en que ocupan la sala y les veo leer cuadernos y libros, la pregunta es ¿a qué salen al parque a dar vueltas a la terrazas como dementes? ¿qué estudian estos alienados?
Mi amiga, formada principalmente en el extranjero, ignora u olvida que nuestro sistema educativo está influenciado hasta el día de hoy, por el método de memorización, ese gesto de leer y luego levantar la cabeza dirigiendo algunas palabras al viento como si estuviéramos rezando un padrenuestro, da cuenta de la lucha del estudiante por fijar en su memoria los contenidos que aplicadamente apuntó durante las clases. Por lo tanto, tendríamos dentro de la biblioteca a otro grupo con una anomalía menor, menos vistosa si se quiere; los que hablan solos o los que rezan. Pero los que deambulan y hablan, presentan un síntoma algo más grave. Todos estos seres que parecen desesperados por resolver algún dilema o cuyas mentes parecieran no distinguir entre la realidad y la imaginación que ellos mismos han creado, son nada más y nada menos que estudiantes de Derecho. Para ellos, evidentemente, la memorización es casi una exigencia, a parte claro, de una buena cuota de entendimiento de las materias para su posterior aplicación, de la cual dependemos todos.
Por otro lado, me atrevo a decir que su deambular constante se debe a cierto histrionismo que la carrera les exige, sobre todo cuando tienen que defender públicamente a un acusado y convencer a un jurado de que su causa es la justa. La imagen que tenemos para hacernos una idea de esto, son las películas de abogados o los thrillers de abogado. Como olvidar esa obra maestra que es “Anatomía de un asesinato” de Otto Preminger, donde su protagonista, un juez con una carrera en declive, interpretado por James Stewart, recurre más que nada a sus dotes histriónicas o argumentos informales que a los del Código Penal, a través del que conseguirá ganar la causa; su defendido a asesinado a sangre fría a un hombre que violó a su mujer, una provocativa Lee Remick, a los pocos instantes de consumado el delito . O Como dudar de la s dotes actorales del personaje interpretado por Charles Laughton en la película de Alfred Hitchcock “The Paradine Case” y otros tantos filmes en que el leguleyo gesticula, presiona al testigo con distintas estrategias o expulsa su ira calculada teniendo que ser detenido por el juez. Otro conocido caso es el de “JFK” de Oliver Stone, por ejemplo, donde Kevin Costner nos hace formar un emotivo nudo en la garganta con sus finas plumas de cebolla. En fin, para pararse ante un jurado, familiares de la víctima, periodistas en algunos casos, la verdad es que personalmente no sé como lo haría, con mi pánico escénico de que soy víctima en casos como ese.
Recuerdo una estudiante de Derecho que tenía un rostro muy especial, sus facciones eran duras, pero finas y una actitud firme y algo recia, mezclas muy especiales realmente. Un día se acercó y me dijo “Busco un cigarrillo, estoy dispuesta a pagar cualquier precio”, era como si se hubiera dirigido a mi la voz de Mónica Madariaga y yo hubiese levantado la vista encontrándome con una bella y atractiva mujer de pelo negro y corto, bastante varonil por lo demás.
El señor Jara es otro continuo visitante de la biblioteca, un gentil y formal caballero de unos 45 años, quien en invierno viste un abrigo azul y porta un maletín negro, pinta digna de un hombre de negocios, la que pareciera ser su área, puesto que siempre le gusta consultar revistas de ese tipo, además de todos los diarios. Supe hace poco que tiene la intención de formar un nuevo partido político, algo así como Partido Racional Humanista, ¿acaso el señor Jara estará desconforme con nuestras entidades políticas tan variadas y eficientes? La última vez que se acercó me pidió un título muy solicitado por estos días; “Padre Rico, Padre Pobre”, el que busca demostrarnos que un hombre de éxito se forma a través de una mentalidad definida para ese objetivo y transmitida desde la niñez, según he entendido yo. Niños, niños que acuchillan a otros niños, niños que empujan a sus semejantes al suicidio, niños que golpean a sus profesores (aunque algunos se lo merecen con largueza), niños pensando en ser ricos, ¿y los niños dónde están?, déjenlos en paz, son molestos, tiranos, manipuladores, gritones, pero son niños al fin y al fin cabo.
Así que ya saben, antes de calificar a un deambulador como un loco de remate, piensen que pudiera tratarse en un futuro hombre de bien, de un hombre de ley.

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