Si Todo Funciona, Lo Demás no Importa
Las instituciones públicas, sean de la índole que sean, tienen que rendirle cuentas al Estado y ahora más recientemente a normas internacionales preestablecidas, que evalúan el desempeño de las instituciones o empresas. No voy a ahondar en esto, no es mi intención latearlos, no pretendo dar datos ni generalidades exactas.
En este sentido las cifras que las instituciones entregan o la imagen que proyectan a la comunidad, son los factores más importante en su valoración y posicionamiento. Muchos de ustedes han sido testigos de las cuentas que entrega su institución a fin de año o de los distintos seminarios en donde las estadísticas juegan un rol preponderante cuando se trata de dejar con la boca abierta al público o directivos de otras organizaciones.
Sin embargo, hay un mundo dentro de estas entidades, exitosas o no, que para algunos, su funcionamiento pareciera no importar; son las llamadas “personas”, si, las mismas, siempre están allí, trabajando diariamente con una sonrisa de oreja a oreja aguantando malos tratos y humillaciones de distinta índole, pero con el corazón bien comprometido, total, a la hora de que las cifras respondan, nos sacamos todos una foto con una gigantografía de las normas ISO, ¿qué más se puede pedir?
La imagen y las cifras son los grandes dioses de nuestro sistema, todo gira entorno a ellas, las presiones laborales a los empleados y profesionales corresponden a la necesidad de llegar una meta determinada. En ese proceso participan distinta gente a la que se le desconoce el derecho a sentir, a dudar, a pensar y actuar según lo que cree. Si se llega a la meta, viene el discurso que supuestamente los aúna a todos, sin embargo, la decisiones son unilaterales, las planificaciones y los objetivos ¿son totalmente participativas?
El empleado siente un vacío, una desazón que a veces no sabe ni lo que es, pero la organización está lista y piensa en todo, es cuando nos obligan a ir a un seminario de “comunicación” o nos mandan a unos estudiantes de psicología en práctica para que hacernos un experimento y llegar a la mágica conclusión de que en nuestra organización, existen problemas de comunicación y al final terminamos abriéndoles los ojos nosotros a ellos de cómo es el mundo fuera de la teoría. Todos hemos asistido a alguno de estos maravillosos cursos, con esas dinámicas o representaciones de situaciones cotidianas que me hacen sentir como si estuviera en el programa de Lucho Jara. Se supone que el personal aprovecha para descargar su irritación o su rabia, ¿pero que recibe como respuesta?; “sonríale al mundo con optimismo y fe” y nos sacan la foto con el diploma. A partir de ese momento nos encontramos listos para volver al trabajo y armar la revolución. Pamplinas, somos todos Keanu Reeves en “Matrix” enchufados a una especie de cordón de plata con el “mundo real”. Me he preguntado muchas veces cual es el rol del psicólogo en nuestra sociedad, es el sanador del alma que concibió Freud o es el que transporta la píldora en una bandeja para que nos mantengamos en el mundo de la ilusión y funcionemos lo mejor posible.
Nos tratan como a niños sin pensamiento, sin sentimiento, que lo único que quieren es dinero y cuando tenemos un problema es que queremos provocar problemas. Las personas son las que hacen funcionar a las instituciones, eso lo han entendido muchos, sobre todo en el área privada, pero aún se mantiene aquella mentalidad de fundo de vigilar cautelosamente los pasos del peón, mantengamos la distancia, la verticalidad, no se me vayan a subir al chorro estos rotos, mantengámoslos a raya, no le demos toda la información o directamente no le digamos nada, es el mejor mecanismo de control. La información dentro de una organización es crucial, la autoridad lo sabe, la autoridad mediocre la maneja para el control. Esta es la mentalidad que por lo menos se da en la administración pública, no en vano fue portada del diario del Estado, en cuanto al problema de los abusos.
En fin, este peón se va a trabajar y luego a tomarse algo con el viejo pascuero que tiene a los ciervos en huelga y está profundamente deprimido.
El Pasador de Libros
Historias de un Pasador de Libros



6 Comments:
Pero que buena reflexión. La parte que más me ha gustado es "En fin, este peón se va a trabajar y luego a tomarse algo con el viejo pascuero que tiene a los ciervos en huelga y está profundamente deprimido"
Saludos y buenisimas fiestas, si es que celebra.
Nos vimos
Si todo funciona, lo demás es increíble....
lo más importante
en la vida es
sonreírle al mundo!!
si pue, si pue... buena song.
feliz 2007, ojalá que sea un buen año laboral.
Muy chica la letra...esta escribiendo super
Que tal si nos ponemos las pilas y volveremos a escribir algo, eh?
O te robe la historia?
Besote.
Estoy de acuerdo con la dama, escribete alguito po.
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