El Pasadizo
Recuerdos del Colegio a propósito de...
Desde Marzo hasta ahora he visto a los pingüinos de una forma distinta. He dejado a un lado por un rato, mi molestia hacia sus indolentes costumbres como usuarios de la biblioteca, deteniéndome a pensar un poco más en sus inquietudes. Así me sorprende pensar mientras miro sus caras apáticas y lelas al pedir un libro - del que la mayoría de las veces no saben ni siquiera el autor, incluso han llegado varios sin en el nombre exacto del libro, haciendo una consulta a tropezones: “Quiero el libro...este...algo de una cantante...es que no me acuerdo...algo de alguien que cantaba...si es que no me lo dieron bien, lo que pasa es que se me olvidó...algo de unas rancheras...si, si ¡ése La Reina Isabel Cantaba Rancheras!- sean los mismos niños por los cuales ya había perdido toda esperanza, que ocupen ahora las calles tomados del brazo, pidiendo monedas para la comida, apostados en las rejas tomando café día y noche, de Lunes a Domingo, soportando la mirada incrédula de los adultos para los que esto no es más que puro hueveo, me sorprende. No voy a entrar en detalles acerca de lo admirable de su organización o de lo irracional o incoherente de sus salidas a la calle en los últimos días. Sólo quiero viajar, delante de ustedes, hacia mediados de los años ochentas, cuando yo era un pingüino.En la mañana de un día que parecía como cualquier otro , el bus se estacionó en la esquina de Cumming con La Alameda, me bajé, pasé por al lado de la pileta y subí por Cumming rumbo al Liceo A-9 de Aplicación. Cuando voy llegando a una de las entradas principales, el Liceo estaba separado en dos; división que también contemplaba separar el lado humanista del científico, es decir, a los porros de los mateos, veo a un par de encapuchados de pie resguardando la puerta, ¡Toma¡ la consigna que flotaba en el aire días antes se había hecho realidad. El género rojo cubría sus rostros y sus identidades, pero sólo a veces, porque igual se podía develar la identidad del sujeto que estaba detrás de la máscara por ciertos rasgos fisonómicos. Los encapuchados recorrían los pasillos y se colocaban en puntos estratégicos. Las salas estaban cerradas y los inspectores y personal de la dirección miraban a los rebeldes con rabioso temor. Había mucha expectación y nos encontrábamos muy nerviosos, sin embargo había un sentimiento generalizado de unión, de cierta solidaridad, mientras afuera aguardaba un infierno, esperábamos que de un momento a otro el monstruo abriera sus fauces y dejara salir a las fuerzas especiales, hambrientos por capturar niños rebeldes, aunque aparentemente estábamos asegurados y no tenían por donde entrar, ya que las ventanas estaban obstruidas por bancos y sillas apiladas, al igual que las puertas. Y lo más importante, el pasadizo que unía las dos partes del colegio tenía sus accesos tapados con pilones de mesas y sillas también.
Nelson, el estudiante que yo más admiraba, con un discurso recio, voluminoso en lenguaje, cerrado, estrictamente formal, contrastaban con su pasión y convencimiento brotándole por todas partes mientras arengaba a la maza haciéndola partícipe de aquel acto, creando un sentimiento de solidaridad y cohesión, entonces el grito del Liceo se dejó sentir ensordecedor, los alumnos estaban dispuestos a desafiar al régimen militar. De alguna manera, nos habíamos acostumbrado a vivir con miedo, tanto así que un poco más no importaba y ese día había mucho temor en los niños. Un sentimiento de compasión me invadía al ver a los encapuchados, socialistas, comunistas, del Mir y del Frente Patriótico, yo los contemplaba como un espectador más. Jamás pude en la adolescencia pertenecer a un grupo político, una vez que lo intenté duré dos semanas. Admiraba el arrojo de aquellos niños decididos, eran unos pequeños hombres envolviéndonos en aquella vorágine rebelde.
Al mediodía llegó el pan, se hicieron sandwiches y los comimos con jugo. Se armaron grupos espontáneamente y conversábamos sobre lo legítimo o no de la toma, sobre el régimen dictatorial, había varios compañeros que aún no creían en las torturas y desapariciones.
Unas horas más tarde comenzó a correr un fuerte rumor por los pasillos, alguien desde dentro estaba ayudando a la fuerza policial a entrar al recinto, alguien junto con la policia había abierto el pasadizo. Entonces las capuchas volaron, así como todo artículo de guerra desapareció. Eran instantes muy tensos, fue cuando los profesores hicieron algo impensado para mi hasta ese momento, llegaron a un acuerdo con el mando policial e impidieron que entraran por nosotros, si la memoria no me falla. Los profes hicieron una cadena formando un pasillo humano lleno de calor y protección. Se abrió la puerta que daba a Concha y Toro donde nos aguardaban los armatostes de las fuerzas especiales, yo miraba los bototos y me dolía el culo de solo pensar que alguno ellos pudiese alcanzar una de mis nalgas. Me sentían como un Gulliver en el país de los gigantes, en cualquier momento podíamos ser aplastados. Y así fue, porque unas cuadras más allá comenzó la persecución.
Hoy en día las principales manifestaciones y huelgas son por mejoras salariales, con más dinero se resuelve el problema momentáneamente. Pero a los escolares no se les puede ofrecer dinero, por lo que el problema se vuelve algo delicado, lo único que se les puede ofrecer y eso es lo que piden, es futuro, lo que lo convierte en un problema insoluble.
Hoy veo a los niños marchar por las calles y pienso, quizás ingenuamente, que hay algo aún vivo en nuestra ciudad, en nuestro país; “radicalizados” los llamó un niño-dirigente por tv. a un grupo de jóvenes que lanzaban objetos contundentes a la policía. Pareciera ser que el número de “radicalizados” comienza a aumentar poco a poco. Me llamó la atención que el dirigente usara aquella palabra, porque lo radical no tiene asiento en el palco inmaculado de los medios o de lo “políticamente correcto”. Sin embargo, es un concepto más preciso y amplio que el de “violentista” o “delicuente”, que ya se han transformado en clichés mediáticos. Lo radical está tomando cuerpo y los medios intentan deformar el fenómeno día a día, un ejemplo claro es el de asociar anarquismo con bombas molotov, o radicales con delincuentes, la causa y efecto se anulan, es decir, los sujetos actuarían sin razón, la violencia innecesaria proviene de jóvenes que no tienen más motivación que la de destruir, no existen causas; no hay marginalidad, incomprensión o escasa participación, solo imágenes que demuestran que los “enajenados” actúan en contra nuestra, amenzando a los televidentes y a la seguridad pública con sus piedras y bombas caseras.
Me quedo con la imagen de esos niños tomando café una mañana de domingo, apostados en lo alto, justo en la cancha de baby donde solíamos correr detrás de un balón, como un par de centinelas, vigilando que no les roben el futuro.


2 Comments:
tan alejado que estoy de 'esas' calles. De 'esas' imágenes televisadas... y pensar que si estuve cerca de algo político sólo fué después de salir del liceo. NO HAY CONCIENCIA POLITICA en mucho pero muchos de los establecimientos educacionales. Quizá donde más tendría que darse, quizá opacados por la religiosidad adormecida, por el sopor de las mensualidades de alto costo, quizá porque el alumnado manda más que el profesorado y cualquier otra cosa porque el alumnado, guardaespaldibilizado por un centro de padres de dinero, tiene a los docentes de Empleados, peyorativamente...
etc.
Miro a veces y no sé qué leer. no medios de comunicación. no información masiva. no leo, no veo, no me sintonizo. Pero el otro día caminaba por Huérfanos con Ahumada y un tipo alto, delgado, con la tez de color de clase media, con el bestón algo gastado, con la boca casi escupiendo, trataba de remover las conciencias o la faz del rostro de los transeúntes apáticos con su ventolera agresiva y discursiva que salía de su boca...
qué rabía
qué impotencia
emplazada en esa intersección de calles, era como si las palabras y esa oratoria tomaran por los hombros a la gente y las sacudiera diciendo MIRANOS WEON MIRANOS!
claro
si apenas los pescan
total
son pingüinitos no más
total
son pendejitos no más
apasionados
idealistas
Morrison lo decía "People are Strange"...
y toda una generación con amnesia, olvida todo lo que deseaba estando en clases
cuando miraba la calle y decía
"algún día saldré y seré universitario... o buscaré trabajo ... la oportunidad"
Pingüinitos unidos, jamás serán vencidos!
Sldos.
Post a Comment
<< Home