El Pasador de Libros

Historias de un Pasador de Libros

Name:

colaboraciones a: lawrence.ae@gmail.com

Monday, September 11, 2006


Permiso Para la Fiesta
Saludo Dieciochero



Y llegó un nuevo “18”.
Más allá de las conmemoraciones patrióticas, que adquieren más valor si las llamamos históricas, el mes de Septiembre respira y transpira fiesta, celebración y algarabía. Es la excusa perfecta para todo tipo de ritos festivos, una de las pocas instancias en que compartir o celebrar algo en conjunto es casi una obligación, y me parece bien que así sea, no por el “18”, sino por nosotros, por nuestra memoria, por nuestra amistad. No significa esto que la gente salga de sus cubículos entregándose un festejo sin fin, no es que el orden se quiebre, sino que el orden se permite un breve desorden. El “18” es cercanía, conversar en torno a un asado, unas empanadas, choripanes, es chocar los vasos de chicha y vino, es mirarse con esa sonrisa que fija en nuestros semblantes la vid fermentada.
Todos esperamos el brindis en el trabajo y después reunirnos con la familia o con los amigos, generalmente las jordanas dieciochescas son extenuantes, terminando el día 19 tirado en la cama escuchando los ecos de la parda militar transmitida por t.v. desde alguna casa vecina. El “18” pasado dejé las llaves dentro del departamento y estaba solo y para colmos me encontraba solo. Busqué a mis amigos que vivían en los alrededores, pero no encontré a ninguno; unos andaban el Valparaíso, otros donde sus familiares o levantándose con una cerveza en la mano o asando el resto de carne que había quedado de la madrugada. Entonces decidí bajar por la calle Brasil el línea recta hasta que milagrosamente encontré a un cerrajero que no tenía abierto, pero que estaba limpiando su local. El primer día dieciochero estuvo con unos amigos en el local hasta altas horas de la madrugada y ese día 19 se encontraba aseando su pequeña dependencia antes de que el Lunes su mujer encontrara los restos del parrandeo. Luego de un en un arduo forcejeo con la puerta, el cerrajero logró abrirla. Después ya no me atreví a salir, con mi mala suerte tal vez me atravesarían los cuernos de algún toro escapado de un rodeo. Luego me fui a comprar una cerveza y otras cosas con un generoso cheque municipal para canjear en un supermercado y me puse a ver películas. La noche anterior habíamos ido al las fondas del Parque O’Higgins con un amigo que había venido de Dinamarca de vaciones. Fuimos a la ramada del “Juntos Podemos”, movimiento que presentó un candidato alternativo a los de la Concertación y La Alianza por Chile, como ustedes recordarán; en fin, fue un error. Cumbia, salsa, merengue, carteles de Cuba, etc., nada nacional excepto unas canciones de Ilapu y Los Prisioneros, anticuchos y empanadas. Bebimos un ron con una mina morena luciendo su cuerpo bronceado por sol tropical en la etiqueta, nada más autóctona. Lo mejor fueron los sanguches de nalga que consumimos al amanecer, todos ebrios saliendo por Avenida Matta rumbo a la Alameda.
La verdad es que me encanta visitar el Parque, uno de los centros neurálgicos de las “Fiestas Patrias”, para estas fechas, pero prefiero hacerlo durante el día, cuando aún no ha llegado la horda salsera o cumbianchera. Un paisaje adornado por los borrachos de siempre, el matrimonio cincuentero comiendo una parrillada, los niños elevando volantines, familias haciendo asados en la zona de camping, las bicicletas etc. No sentía especial afecto por la cueca, ni por las manifestaciones tradicionales hasta que comencé a viajar, por algunos pueblos de provincia y hablar con personajes populares y visitar lugares en los cuales me encontré con fiestas como esta durante todo el año; la fiesta del huaso en San Felipe, la fiesta de la Vendimia en Coltauco, a Malloa durante el 1ero. de Mayo. En todas estas zonas la cueca y la tonada son pan de cada día, además del canto y la poesía popular. En Puente Alto la gente que baja de Pirque, o más bien dicho los pocos campesinos o temporeros que aún quedan allí, se colocan sus trajes de huasos y chinas llegando al centro de la populosa comuna en carretelas y a caballo.
Esta conmemoración inunda de aquel espíritu popular a la capital, llevándonos de algún modo a recorrer una tierra olvidada, que prácticamente observamos con extrañeza y distancia. Una vez al año, y no la gran mayoría, por supuesto, prefiere las fondas a los Malls o las discotheques. Sin embargo, hay muchos que les molesta los parroquianos bebiendo todo el día en las ramadas, pero eso también somos nosotros, no olvidemos que un gran número de personas vive embriagada por las excesivas horas de trabajo o los programas para idiotas de la televisión, así es que si de ebriedad se trata, hay muchas formas de estarlo.
La fiesta dieciochera coloca la chichería, la ramada, el barril, lo viejo, la tradición, en el tapete al menos una semana, todo ese mundo semi marginal o de exposición se convierte en protagonista y nos acordamos que existe, que está vivo. Claro que cada vez más, el ciudadano medio se refugia en su hogar y hace las fiestas a puerta cerrada y la calle se la toma la juventud con su onda pub-discoteque. Aunque no haya mucho movimiento en los condominios o villas, se inunda el ambiente de un agradable olor a asado que se introduce perniciosamente por nuestras narices y se siente una vibración especial, rostros más relajados, más alegres y más colorados.
Bien amigos, este pasador se despide y espera ansioso el viernes, en el que por supuesto trabajará solo medio día y para después dar el primer pasito de cueca.

Estadisticas y contadores web gratis
Oposiciones Masters