Lluvia mendocina
El dieciocho de Septiembre no desperté de la resaca del día anterior pensando en recuperarme en una fonda del Parque O’higgins, no desperté con el estribillo de “allá va la muerte, me está esperando…” , no desperté con el aroma de la carnea la parrilla diseminada por la brisa callejera, no desperté pensando en que pasaría la caña con una cerveza en el Touring, frente a la Estación Mapocho, palpando en el ambiente el ánimo festivo y descontrolado de la gallada, yendo y viniendo del mercado o la vega con carne, mariscos, verduras y todos los ingredientes de la larga celebración que se avecinaba. Abrí los ojos y luché por que el dolor de cabeza me dejara abrirlos aún más, hasta que pudiese ver el esplendor de la Cordillera de Los Andes, cruzando al otro lado rumbo a Mendoza. Parecía un sueño, estaba todo blanco, yo lo único que tenía ganas era de dormir, pero la voz de Patricia me hizo reaccionar y luego una cerveza Andes casi logró reanimarme por completo, hasta que un nuevo bajón me derrumbó. Me perdí todo el zigzagueo nevado, me rendí nuevamente al sueño. Unas horas más y ya estábamos en Mendoza. Era un zombi, apenas la sombra de un mutante que ni siquiera lograría inquietar a niño miedoso. Hasta que paramos en el primer restaurante y frente a mi llegó un sonriente y rosado trozo de lomo acompañado con vaso de vino, era yo nuevamente, renacido de la última empanada, del último “Bin Laden” del día anterior en “Donde Robin” cerca del barrio Yungay. Las pequeñas vacaciones habían comenzado.
Las noches mendocinas tenían un encanto extra por aquellos días, así debía sentirlo cualquier chileno, en teoría por lo menos, estaba todo dispuesto para ello; una especie de fonda en la Plaza Chile, con un gran escenario donde desfilaban grupos folclóricos y la música envasada mantenía a todos los compatriotas sintonizados a la distancia con las Fiestas Patrias. Pero al menos para nosotros no fue así, no pude permanecer más de diez minutos en aquel lugar, porque las tonadas, las cuecas, los bailes chilotes comenzaron a provocarme una terrible nostalgia, no había borrachitos deambulando, ni el pueblo en busca del reventón, había turistas buscando un baño de chilenidad, rememorando una postal dieciochena a kilómetros de su hogar, todo ordenado, todo compuesto, ni una sola cumbia, una tonadita, la salsa fue lo único que agradecí que no estuviera. No lo soportamos.
Entonces no quedaba otra que buscar un panorama en el amplio abanico nocturno y culinario que ofrece Mendoza. Adiós dieciocho.
La mayor gracia de esta ciudad no es que es que sea más barata, aunque en realidad lo es, sino que los precios que ella ofrece, en relación a la preparación, ambiente y calidad, en nuestro Santiago no lo podemos obtener, a menos que paguemos el doble de lo que gastamos allá. La carne que consumimos en nuestros restaurantes más clásicos (dejamos de lado la parrilla a $10.000 que desata la locura en el Parque O’higgins) es muy buena, pero la del otro lado es temible, pero a parte de la carne, jamás nos servirán un plato con verduras congeladas, un vaso sucio, un cubierto con restos de comida, hasta la bebida más común nos es servida en copa. La amabilidad es otro punto importante, no es que aquí no encontremos garzones amables, solo que allá casi todos son amables, muchos jóvenes, muy jóvenes trabajando prácticamente todo el día, niños, que como diría una amiga, deberían estar jugando y no trabajando, permanecen apostados en las entradas invitando a la gente a entrar a los locales, todos muy compuestos y llenos de caballerosidad, exentos de aquella picardía que a veces llega a ser un tanto agresiva en los nuestros. Hay cierta alegría, afabilidad y relajo que lamentablemente es algo que nos hace muy distinto a ellos, noto demasiada agresividad y amargura en nosotros.
Cierta cultura cliché de turista nos hizo tomar un viaje por algunas viñas y una pequeña industria de aceite de oliva. Solo les puedo decir que jamás hagan un tour del vino, es una soberana lata y verdaderamente la copa de degustación es una real cagada, un gasto absolutamente prescindible. Mil veces mejor es pasear por las calles de Mendoza y detenerse a observar algunas manzanas muy bellas y cuidadas, o sentarse en una de sus grandes y magnánimas plazas, la verdad es que se tiene otro concepto del espacio, todo es más grande, más amplio. Los barrios residenciales son apacibles y prácticamente no vemos gente transitando en sus calles, Emilio Sivit es una de ellas, en donde lucen variados estilos arquitectónicos en sus casas y edificios, con verdes y floridos jardines que contrastan con los espacios públicos donde la vegetación no es muy abundante, por el alto costo del agua. Esta avenida comienza justo al frente del majestuoso Parque General San Martín, que posee una arboleda sencillamente inolvidable y sus anchas e interminables calles son un especie den paseos dentro del Parque mismo. Aquel día no tenía el menor ánimo de caminar o siquiera intentar recorrerlo, por lo que terminé tendido en el largo y descuidado pasto, realmente costear la mantención de aquellos prados y árboles debe significar una fortuna, pero le vendría muy bien al recinto una cortada más continua.
Adentrándonos al sector céntrico, se abre la zona comercial, con innumerables negocios y restaurantes. El concepto de Fuente de Soda, derechamente no existe, por más sencillo que sea un lugar es a fin de cuentas un restaurante, algunos de ellos elegantes y ostentosos. Esta zona céntrica me recordó un tanto al centro de Viña del Mar más que al paseo Ahumada, se podría decir que conserva ese aire de provincia, que no es tan aplastante ni frívolo como el de la ciudad. La gente se ve relajada, sonriente y bien vestida, sin embargo, se aprecia obviamente gente de extracción más humilde, su condición es notoria, por su vestimenta y por su aspecto general, esto también incluye su tono racial, los más pobres siempre son los más morenos, también son los más delgados, más enjutos y más bajos, los desplazados, muchos de oficio indeterminado y otros vendedores ambulantes. Esta zona céntrica también tenía otra cara, algunas cuadras más allá nos encontrábamos un barrio similar San Diego o Franklin, con comercio y gente de extracción más popular, los jóvenes más delgados y sus ropas con hechura a la moda, pero significativamente más modesta en calidad.
Cuando les hablo de Mendoza no quiero dar la sensación de que estamos frente a un país desarrollado, tenemos algunas negligencias en los servicios y diferencias sociales ostensibles que nos distinguen como países del tercer mundo, me bastó ver el sistema de recolección de basura el día domingo en la mañana para finiquitar este juicio, un camión Volswagen del año 60 con los recolectores de basura recogiendo los desperdicios con una pala. Sin embargo, hay un concepto del turismo más desarrollado, uno se va con la sensación de que las cosas están bien preparadas para cuando uno vuelva la siguiente vez, hay un sentido de elegancia no tan demodé como algunos barrios emergentes, sino que más genuino, centrado en la calidad integral del servicio. Bueno, un dieciocho lejano, no sé si volvería a dejar la ciudad para estas fechas, pero lamentablemente, es una de las pocas instancias en que se nos dan tantos días libre y a veces es bueno conocer.


3 Comments:
Muchas veces no reparo en detalles de la vida cotidiana, sin embargo tu ojo novelesco no los deja escapar... que alivio! eres mi cable a tierra de las cosas importantes que jamás deberían obviarse. Me hubiese gustado compartir contigo Mendoza en Otoño... en esos días en que los miles de "plátanos" (especie de árbol introducida) descuelgan sus hojas y no hacen más que transportarte a otra realidad. Definitivamente tampoco quisiera dejar nuevamente la ciudad en Fiestas Patrias... a menos que gvaya a parar a alguna comunidad rural con fondas locales en que en vez de encontrarme con turistas en un tour del vino, me encuentre con más de algún "..iñor aulando e'lo güena quistá la chicha en cacho, gansho" SALUD!
La verdad, es que no hay cosa más grata que el sabor de lo nuestro!.
En muchas oportunidades deseché invitaciones al otro lado de la cordillera en pleno 18; creo que no existe 18 de Septiembre sin los preparativosque lo anteceden,... las compras, el embanderado de calles, el olor a carnes a las brasa que se mezclan en casas los patios de las empresas; luego en casa, la familia, los amigos, el sabor de las ricas empanadas preparadas a la "antigua" (en familia), el arreglado, el pebre cuchareado, los choripanes, el asado los anticuchos, el sonido de las tonadas, las cuecas, la chicha en cacho, y si la noche es helada... un buen navegado, o una salida al rodeo o a las fondas y parques comunales a ver los juegos y antiguas tradiciones.
Lo único malo es el regeton, que desplaza todo el aire dieciochero...Pero por que seguir bailando en pleno cumple de Chile "eso que viene de tan lejos de nuestra idiosincrasia"..."Pero en fin hay para todos los gustos"...
"Sólo espero que con las nuevas generaciones no se pierda el gusto por lo nuestro".
Soy jóven, me encanta la cueca bien zapateada, el vino en todas sus preparaciones (arreglado, navegado), como dice Tito Fernández: "Me gusta el vino, porque el vino es bueno".
Ver lo hermoso que se pone el cielo, lleno de volantines de multiples colores, y los niños corriendo tras uno que se fué cortado.
Si,... acepto una invitación porteñael sonido del tango, un rico bife chorizo y un mocito "Guillete" que me invite a milonguear...Ahhhh, Si... de todas maneras, pero por favor... en Septiembre...¡NO Gracias!.
TIQUI- TIQUI TI, NO TE LA LLEVÍ... DÉJAMELA AQUÍ!!!
Muchas veces he pensado lo especial que es el olor de la carne en los asados, y no sabía como describir esas sensaciones con textura y con sabor y tú lo haces perfectamente. Son esos momentos especiales como el ambiente de la navidad cuando los niños van a buscar al viejito pascuero y está todo lleno de luces, y se respira una magia especial; es también lo viejo de nuestros barrios que tienen tanta historia y que admiraba en las clases hace ya muchos años, y la loca aventura de irse a otro país en fiestas patrias. Se debe añorar tanto Chile, porque es un país especial este, a pesar de que otros son más nacionalistas, pero algo pasa con nuestras fondas y empanadas. Yo también escribo, por eso se lo complejo que es atacar una realidad con un poco de literatura, para decir lo que hay que decir simplemente sin excesos. Espero que sigas dándote el tiempo para escribir, porque de ese modo creas mundos maravillosos, créeme que ahora necesito un baño de literatura, tal vez cuando el semestre acabe pueda leer como quise el semestre entero, aunque aún no se que será de mi vida el otro año, y me sienta ante un abismo, una sóla cosa se es que seguiré escribiendo. Gracias Pasador por llenar la vida de sueños a tus admiradores. Espero de todo corazón que realice sus sueños, ya que con toda verdad le digo es un gran escritor.
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