Amigos de la biblioteca III
El Gran Salto
(Mr. Cardelli)
Mauricio comenzó a colaborar con videos para la biblioteca donde yo trabajaba, la casualidad nos volvía a encontrar o más bien su inquietud por buscar nuevas fuentes de donde sacar películas, fue entonces cuando comenzamos a intercambiar DVDs; “tráeme películas”, le pasé más de cincuenta en VHS, cuando se me acabó la merca comenzamos con los DVD. Su larga cesantía le permitía engullir una cantidad exorbitante de filmes, los que seguramente influirían en su visión del teatro y de la actuación.
Su desempleo no se debía exclusivamente a la falta de oportunidades, que sí era un tema, sino también a su desencuentro artístico con el teatro, sin perder su amor por él, se había retirado de su presciencia que le parecía anquilosada en una forzada tendencia vanguardista y repleto de estrellas que no conformes con salir en teleseries, afiches comerciales, entrevistas de televisión, ganadores de proyectos culturales y prácticamente presentes en todos los elencos de las películas nacionales y acaparar el público de las salas. Como muchos que se han visto urgidos de dinero, Mauricio me solicitó una “movida” para entrar a trabajar a la biblioteca, como si este fuese una especie de paraíso lleno de libros, entretención y saber; muchos ven en ella la posibilidad de un empleo digno que tiene que en algún grado- dependiendo de la inspiración de su director- con asuntos artístico-culturales. Sin embargo, pese a su desesperación, veía en Mauricio una actitud de alerta, como un animal en espera del paso de alguna oportunidad para arrojarse encima.
Quizás haya sido su pasión por el riesgo, que tempranamente comenzó a manifestarse, lo que lo impulsó a ser parte del cuerpo de bomberos en su adolescencia. Habituado a experiencias fuera de lo común, Mauro aceptó el inocente y juvenil desafío de armar un pequeño grupo teatral con sus compañeros apaga fuegos. Su primera obra fue Jesucristo Superestrella, haciendo el papel de Pilatos, en la que sus morenas y grandes manos se sacaban de encima la responsabilidad de ejecutar al Hijo del Hombre; la obra consistía en una puesta en escena doblada de la versión en español, haciendo la mímica del cantante Alfonso Nadal.
Más tarde y tomándose con mayor seriedad el oficio aún amateur ingresa al grupo creado por Juan Manuel Sánchez en una adaptación de la Casa de Bernarda Alba interpretada por exclusivamente por hombres como personajes femeninos, una versión con tono atrevidamente sexuales que causó revuelo en un festival comunal. En estos escenarios y en una puesta en escena que adaptaba la historia de un suicidio colectivo en Las Brutas, fue que Juan Radrigán contacta a la compañía. Silvia Marín, esposa y actriz fetiche del dramaturgo, lo llama a hacer un papel en la adaptación de Alsino, en una versión Mapuche. Radrigán no era un hombre de muchas palabras a la hora de dirigir a sus actores, para él todo se hallaba en los textos, prescindiendo de explicaciones e instrucciones que eran innecesarias para él. Es un hombre que tiene mucho respeto en Europa, Rojas lo recuerda como alguien sencillo, sin ese aire histriónico de otros directores, un sujeto como cualquiera de los que uno ve en la calle, al igual que los personajes que creaba, con un marcado estilo social que lo llevó inclusive a transformarse en dirigente sindical.
Mauro obtiene un reconocimiento al ser nominado como mejor actor en el festival de teatro organizado por el Instituto Chileno Norteamericano, premio que finalmente se llevaría Daniel Alcaíno. Luego de esta performance es invitado por Fernando Villalobos a participar en lo que fue hasta ese entonces su obra más importante: “La Cocinita” donde nuevamente actúa como personaje femenino, esta vez en el papel de un gasfiter.
Intermedio, Váyan a tomarse una copita y vuelven
Mauricio después de esta creación y sin demasiadas opciones laborales se dedicó a animar cumpleaños, a leer y ver películas. Un día llegó hasta la biblioteca con una petición especial: necesitaba un sin número de impresiones en papel, muchas de ellas debían ser recogidas de Internet para su postulación al Royal de Luxe que venía a Chile financiado por un proyecto Fondart para reclutar a actores chilenos para su montaje del “Roman Photo”. Estuvimos más una hora en el empeño, a cada minuto que pasaba y con su simpatía habitual, el futuro Cardelli me pedía más y más hojas para lo que me olía a una causa perdida, al fin se llevó sus datos curriculares, los que debían ser enviados a la compañía, días después serían llamados los ochenta seleccionados de los cuales saldrían los cinco finales. Días después le solicito a un colega de la biblioteca de Recoleta que me recomendase a algún personaje interesante para una crónica que realizaba en esos momentos. Para mi sorpresa el señor Uribe me menciona a un amigo suyo, un joven actor que había escalado desde el teatro aficionado al profesional, un hombre de esfuerzo sin duda y que recién se había acabado de enterar que había sido seleccionado para formar parte de la compañía del Royal de Luxe. Cuando llegó al mesón de la biblioteca lo miré y le sonreí: “ya lo sé todo, te felicito”, de verdad sentía una satisfacción muy grande por él, como por todos los que no han sido privilegiados con apellidos, posición social y otros y que han hecho lo que se han propuesto, no como un “logro” cualquiera, como un título, un buen trabajo, dinero o una nueva esposa, sino como algo que realmente se desea con pasión y se concretiza, los “logros” muchas veces están exentos de pasión y aunque solo nos sirven para nuestra supervivencia, son tomados por los espíritus huecos como verdaderos triunfos que los llenan de orgullo, pena por ellos que no poseen nada más.

Mauricio ha viajado como nunca lo había hecho en su vida, por supuesto la compañía ha tenido bastante éxito y ha conocido muchos ambientes y personas. Cuando me contó que había estado en las ruinas de Normandía donde desembarcaron las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial sentí mucha pena de no poder conocer aquellos lugares. Cañones, balas u otros objetos permanecen en la arena dejados allí como testimonio de una época y como la acción de quienes dejaron sus vidas durante el infernal enfrentamiento transcurrido ese día en miles y miles de muertos siguen hasta hoy dejando indicios de su trágico pasar por playa.
Ni hablar de las noches en Barcelona, en París o en Estocolmo donde recibieron un trato bastante vejatorio debido al racismo imperante y a la mala fama que poseen nuestros compatriotas por sus actos delictuales, porque no solo tenemos atributos como país económicamente ejemplar. Además, Mauricio reparó -con la acertividad que otorga la distancia- que el chileno es bastante acomplejado racialmente de allí su resentimiento, con otros países sudamericanos, como los argentinos por ejemplo; “porque son más blancos que nosotros” o el desprecio que sentimos por seres inferiores como peruanos, ecuatorianos o bolivianos. Referente al tema de los extranjeros me llamó también la atención, el inusual servicio que realizan los pakistaníes en Francia; normalmente los locales nocturnos no abren hasta tan altas horas de la noche, por lo tanto a los que les queda algo de sed y unas cervezas pendientes pueden encontrarlas clandestinamente en las calles, puestas a la venta por los inmigrantes quienes lo ven como una fuente de ingresos extras o en otros casos única.
En sus primeros viajes, Mauricio experimentaba una excitación total, pero con el correr del tiempo se hizo algo normal (dentro de sus fascinantes márgenes). La soledad también se transformó en compañera de estos viajes donde todo es pasajero.
Dentro de su experiencia teatral y pese a su estabilidad, que lo hace sentirse como un “funcionario” del teatro, no renuncia a continuar experimentando en su papel del osado doble, Johnny Cardelli, a quien ha convertido a través de sus giras en un querido personaje, el que le ha producido también más de alguna llaga debido a la recreación de explosiones o acciones peligrosas.
La última vez que lo vi en escena fue montado en el escenario ambulante que llevaba al Rinoceronte en el grandilocuente espectáculo de la “Muñeca”, donde los miembros de la compañía sintieron miedo -por primera vez en una gira- del público, de ese monstruo que al parecer tenemos reprimido dentro de nuestra hidalga civilidad y explota en cualquier momento, llenando las calles como nunca habían sido testigos.


6 Comments:
Qué lindas reflexiones! he tenido la suerte de conocer a Mauricio y realmente es un persona admirable y con mucha luz interior, espero que en algún momento pueda enseñar a futuros actores sobre este amor y pasión por el teatro que le ha hecho conocer mejor la vida y aprender a disfrutarla...gracias por el texto y un beso enorme a Mauricio desde Barcelona.
BUENA POR EL MAURI APERRANDO COMO SIEMPRE SALUDOS DESDE EL SUR IVAN
Qué bueno tener amigos así... ¡el medio ejemplo de vivir!, qué bonito, da gusto.
Abrazos!
Me gusta esto de escribir de esos personajes que a veces tenemos la ventura de conocer, y que quedan en la historia.
Te dejo un beso.
¿Cómo estai?
Estas cerca y tan lejos, en la otra mesa y a metros de distancia.
Besote.
¡Qué inspierador! ¡Lo leí de corrido, noi me paré por el trago! Voy por él ahora para brindar por tí, por él y por lo que enseñan...
Gracias por la visita y bienvenido, otra vez...
Post a Comment
<< Home