Amigos de la Biblioteca II
Corre Richie, corre.
La relación entre arte y deporte es muy estrecha, aunque para algunos esto sea impensable argumentando que la actividad física es despreciable comparada con actividad intelectual. El otro día nomás, una estimada colega me mencionaba la rutina que recomendaba Nietzsche cuando hablábamos de la importancia de caminar unos buenos kilómetros diarios, precisamente, para él era indispensable una buena caminata y luego ponerse a leer o estudiar. No pocos escritores fueron asiduos al fútbol, al boxeo o al atletismo, hoy en día y por la importancia que se le ha reconocido a la actividad física, es usual que el artista tenga también una vida sana, en vez de andar de bar en bar en la búsqueda incansable del destrozo corporal.Pero aparte de esta connotación de vida saludable, de armonía entre cuerpo y mente, existe también el sentido de desafío y superación de obstáculos, de retar a la naturaleza, a uno mismo, una especie competición entre nuestro temor o debilidades y las grandes acciones que podemos realizar si logramos derrotarlas.
En muchas ocasiones Ricardo llegaba a la biblioteca jadeando con el rostro y los cabellos empapados por el trote extenuante se acercaba al mesón y apuntándome con el dedo me decía: “Tengo Paradise Now” o “me conseguí Una Historia de Violencia” antes de que se estrenaran.
La afición de Ricardo por el atletismo viene desde su niñez. El corría por los campos de Bulnes en la Provincia de Ñuble, incluso llegó a formar un club de corredores. Paralelamente a estas jornadas deportivas, cultivaba la lectura motivado por las viejas costumbres de su abuela, cuya biblioteca atrajo irresistiblemente al corredor influyendo en su vida definitivamente. Derivado de la lectura, Ricardo adquirió el interés por la escritura, la literatura pasó a ser para él más que un pasatiempo y se decidió a venir a Santiago a estudiar la carrera.
De un momento a otro, su corrida se vio interrumpida abruptamente por un aviso fatal: un cáncer. ¿Qué explicación había para tal desgracia en un joven como él? Probablemente ninguna, solo quedaba una alternativa, no dejarse vencer, afortunadamente Ricardo había hecho del esfuerzo una forma de vivir. En esos tiempos solo cruzábamos algunas palabras, más lo hacía con mi compañera Elizabeth con quien había cursado literatura. Ricardo había trabajado como part –time en la biblioteca así es que conocía a casi todos los que allí trabajábamos. El corredor salió adelante luego de las intervenciones correspondientes, sobreviviendo a la masacre celular que deja este tipo de tratamiento, que como ya sabemos arrasa con lo maligno, pero también con lo benigno, así es la precisión científica.
Una de las cosas que siempre comentábamos era un ciclo de cine que Ricardo había organizado en la comunidad de Bulnes, rehabilitaron un viejo cine y proyectaron películas con una asistencia aceptable. Luego nuestro amigo rescató un documental antiquísimo sobre la vida en las minas y lo dio en donación a la cinemateca que se encuentra bajo el palacio gubernamental, dentro de las dependencias de su portentoso centro cultural. Le ofrecieron en recompensa la entrada gratuita a las funciones de cine a exhibirse en el recinto.
Paralelamente, Ricardo continuaba con sus actividades atléticas, muchas veces corrió sin inscribirse oficialmente en la competencia, por falta de recursos, ¿qué significaba esto? Que mi amigo se introducía en forma ilegal a una carrera, sin credencial ni número en la espalda. Una vez lo sacaron dos gorilones a metros de llegar a la meta. Mala suerte. Corriendo, Ricardo pasó más de un mal rato, una vez entrenando por el Parque en Providencia lo asaltaron unos enemigos del deporte. En otra oportunidad cuando trotaba por el Parque Forestal se halló atrapado en plena balacera, entre unos policías y otros que actuaban de ladrones, Ricardo se encontró en el medio del infernal juego y tuvo que esconderse detrás de un auto para que no le alcanzaran las balas. Sin embargo, el deporte le permitió conocer gente interesante del ámbito como el maratonista Edwin Valdevenito quien lo adoptó como discípulo durante un tiempo hasta que comenzó a reclutar a toda la fauna marginal que andaba por el Forestal, digamos ciegos, indigentes, leprosos etc., al ver que Valdebenito tenía tales intereses filantrópicos, siguió su propio camino.
Este deportista, posee un talento especial para la autogestión, para desenvolverse en un medio determinado, conocer gente, establecer relacionar y comenzar a armar proyectos, una especie de vendedor de sueños del que se sabe escasamente acerca de sus medios de subsistencia. Esta habilidad seguramente se lo ha heredado uno de los personajes más importantes que giran entorno a él, su propio padre, quien aparecía y desaparecía de su vida como un ave llevada por sus anhelos de aventura, algunas extrañas y tenebrosas; negocios raros, viajes en barcos, huidas intempestivas de acreedores misteriosos, lo hacían alejarse de su hogar durante meses. Su madre criada a la usanza antigua no concebía mandar a su marido a la mierda y destruir el sagrado matrimonio, así es que el padre de Ricardo aliviaba la ira de su mujer con un ramo de rosas o algún regalo exótico. Así estuvo durante muchos años hasta que desapareció definitivamente, Ricardo sabe donde está, permaneciendo alerta hasta encontrar el momento propicio para ir a visitarlo, evento que planea junto con un proyecto audiovisual que involucraría su historia familiar. Otra insólita noticia alimentó sus ansias creativas; uno de sus hermanos le comentó un día que tenían más hermanos esparcidos en diferentes regiones, con esto habían aumentado las razones para su viaje. Algunas cosas pueden derrumbarnos o si las tomamos desde un punto de vista más abierto, nos pueden llevar a comprender incluso quienes somos y que cosas que aborrecemos se conservan en nuestro carácter, entonces podemos dar la dirección que deseamos a ciertas potencialidades que la naturaleza nos traspasó mediante la genética.
Con este maratonista incansable tenemos una especie de red de intercambio de películas junto con otros adictos al DVD mantenemos la cadena fílmica. A veces Ricardo llega con unas ojeras terribles, lo primero que se me viene la cabeza es él sentado en un sillón o recostado en su cama hasta cuando el amanecer le avisa que debe dormir un poco, mientras el filme se deja ver por su mirada voraz que desea visionarlo todo. Tal vez sus ojeras se deban también a alguna noche de pasión con un ser de carne y hueso, pero es demasiado discreto para confesar algo así. Se fija solo en las mujeres que siguen un patrón de belleza clásico, es decir lo que denominaríamos la mujer “típicamente rica”, reconocida por ello en todos los que la ven. Esta joven actriz y pintora con facciones extremadamente finas, casi perfecta, con una figura delineada cuyas curvas parecieron haber sido hechas por el altísimo con el propósito de causar estragos en la hombría de sus hijos. Ricardo cayó inmediatamente al verla en un sopor extraño, tenía todo un plan para conocerla, el primer paso era que yo se la presentara y después se encargaría de todo el trámite restante, lo único que necesitaba era una oportunidad. Pero un día, como a nadie le falta Dios, menos a ella, apareció con alguien que daba la impresión de ser su media naranja, algunos acercamientos de manos y labios nos hicieron formular aquella teoría. El joven no era demasiado atractivo por lo que Ricardo no abandonó sus esperanzas. Llegamos a la conclusión de que el tipo podía ser “un cualquiera”, así es que realmente las posibilidades de conocer a la actual profesora de yoga, lectora de todo lo que fuera místico u oriental, estaban intactas. Sin embargo, un día se acercó al mesón y me dijo que se iba a Africa a ver a su insignificante novio quien trabajaba allá y la mandaba a buscar por algunos meses. Cuando volvió traía de obsequio una diminuta cabeza de madera que aún uso como llavero. El maratonista sigue preguntando por ella cada vez que visita la biblioteca, pero ella ha disminuido considerablemente sus lecturas en el lugar, lo que me obliga reiterarle que el olvido es lo mejor, en este caso.
Ricardo llegó un día con un manuscrito bajo el brazo, me explicó que se trataba de un guión para un largometraje cuya historia era la de un tipo que quería hacer un película sobre los setenta y siete soldados que murieron heroicamente en la famosa batalla de La Concepción, un capítulo de la guerra del Pacífico. Me pidió que revisáramos las bases del Fomento Audiovisual para ver que requisitos se necesitaban para concursar en el área de guión cinematográfico. Meses más tarde revisando la lista de ganadores, me encuentro con la grata sorpresa de que mi amigo se había ganado el dinero para comenzar a trabajar.
Mientras que con su productor buscan algún interesado en invertir en el guión y filmarlo, Ricardo continúa corriendo contra el tiempo, contra el mal tiempo, contra la marea alocada y despiadada de la ciudad. Ábranle una puerta a este corredor quien seguramente bota por sus pulmones aires nuevos para nuestro ambiente, ¿artístico?


2 Comments:
Y el problema más grande es que nos queda poco tiempo...
Saludos, desde menos lejos...
Me llegue a cansar......
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