Pasando la Caña
Hace muchos años atrás, la cultura de Mall impuso la execrable moda de trabajar los fines de semana. Luego fueron los organismos del estado sobre todo los ligados al ámbito cultural, incluyendo las bibliotecas, que para “modernizarse” comenzaron a funcionar durante el fin de semana, siendo el Domingo el día más fatal, antaño sagrado, para disfrutar de la vida familiar, una jornada para la reflexión y el reposo. Esto trajo funestas consecuencias para los que gustan de la bohemia. Algunos optan por no salir de sus casas y esperar a que llegue el sueño reparador y así amanecer al día siguiente lleno de energías para cumplir con sus deberes laborales en buena forma. Otros agobiados por la rutina deciden salir no importando las consecuencias. Las personas han logrado adaptarse a sus necesidades sociales y de esparcimiento desafiando estos regímenes de trabajo inhumanos. El cuerpo pagará las consecuencias algún día.
Los turnos de fin de semana son despiadadamente largos, se entiende que para satisfacer la demanda de recreación de los que no trabajan o por turno tienen día libre. Es decir, estamos frente a una rotación constante para que los trabajadores se esparzan “adecuadamente”; en un mall, en una biblioteca, en un museo, en un cine, en un centro cultural, etc. La cultura se ha transformado en sinónimo de entretención para poder sobrevivir y sus operarios deben sentirse complacidos, sino felices, por el servicio social que realizan y por contribuir a la consolidación de la imagen política que las instituciones quieren mantener ante la gente.
Así cada fin de semana los ciudadanos ejercen su derecho a ilustrarse. Llegar a cumplir estos extenuantes turnos con resaca puede ser una experiencia horrorosa, quienes la han sufrido intuyen el escalofrío que siento al recordarla. Admito que presentarse en estas condiciones a tan noble causa es bastante indigno. Cada sonrisa se transforma en un verdadero desafío, cada palabra requiere un doble trabajo, añádase el empeño por evitar que llegue hasta las narices del usuario algún aroma sospechoso.
Lo más recomendable para no pasar por esto es beber con moderación o ingerir licores destilados, para muchos el whisky o el vodka son tragos más delicados en este sentido, si se va a tomar pisco, hágalo sin “la bebida oscura” por que no deja secuelas posteriores y principalmente no exhalamos alcohol al día siguiente, demás está decir que todo depende de cuantas delicadezas se hayan ingerido durante la noche. El vino o la cerveza en grandes cantidades son reconocidos por dejar sus poderosas fragancias impregnadas en lo más hondo de nuestro espíritu laboral. Afortunadamente no me ha tocado jamás algún reclamo en mi contra y si lo hubo mi jefe ha guardado un respetuoso silencio, o si un usuario ha sentido algo que le haya llamado la atención también actuó con misericordia. Una vez hace muchos años hubo un comentario insidioso por parte de una persona; esta habría sentido un olor a cerveza “fresco” en uno de las unidades de préstamo donde trabajaba, eso quería decir que alguien había consumido durante la jornada laboral unos tragos de alcohol. Mis compañeros sabían que algunos aprovechaban la hora de colación para calmar sus ansiedades etílicas con una cerveza, Mapocho, por ejemplo, era un lugar frecuentado por algunos de mis colegas pasadores. En aquel sector hay decenas de “chicherías” donde a lo largo del día los trabajadores hacen un alto en el camino para tomar una caña de vino, un jarro de cerveza o un combinado.
Los fines de semana, después de almuerzo, cuando el cuerpo lo único que desea es descansar, sobreviene la horda de ciudadanos sedientos de cultura, la que despreciaron durante la semana viendo los realitys, los kikes, las marlenes, los vértigos etc., etc., abalanzándose sobre el mesón con una expresión de interés conmovedora, preguntando todos los detalles de cómo poder acceder a la biblioteca. El resultado más probable de esta expedición, será que jamás vuelvan a aparecer por el lugar y las cosas se mantengan como antes, es decir, a lo más leerán el diario y los informes que elaboran en sus respectivos trabajos.
En situaciones desagradables no faltan los gestos de solidaridad, la sopita proporcionada por alguna gentil compañera, la broma oportuna de un guardia, la mirada tierna y penosa de la persona que está sentada al lado tuyo. Mejor aún y más reconfortante cuando otro colega está en la misma situación, los dolores se comparten y las experiencias de la noche anterior son revalorizadas, hasta encontrar quizás que todo valió la pena. Mientras tanto, va avanzando la jornada laboral, en tu cabeza resuena repetidas veces la promesa; “nunca más”.
El Pasador de Libros
Historias de un Pasador de Libros
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Monday, July 31, 2006
Monday, July 10, 2006
Libros Robados II
Los seres humanos no están acostumbrados a moverse con libertad.Han pasado siglos desde el nacimiento de la imprenta, invento que supuso la democratización del libro y el saber, su liberación de las manos que lo encadenaban, es decir, el clero medieval. Hoy, los libros vuelven a estar en poder de unos pocos, o sea a los que les gusta leer y tienen el poder adquisitivo para hacerlo. Este uno de los aspectos en que nuestra época contemporánea, como muchos otros casos, ha retrocedido en el tiempo cómo género humano, por decirlo de otra forma, ha marcado su involución. Los medios de comunicación y sus analistas superdotados mantienen este deterioro velado, oculto dejándonos ver nada más que la mejor cara de la civilización, el gran progreso de la humanidad y que es la figura que ocupa la pasarela diaria en el desfile de los medios. En el caso de las bibliotecas o el mundo del libro, está el tema de los libros “digitalizados” o “bibliotecas digitales”, la gran maravilla del último tiempo, la continuación de la revolución de Guttemberg, la nueva liberalización y democratización del saber. A través de este sistema, los usuarios acceden libremente a una serie de documentos los que además pueden pasar a formar parte de mini archivos o bibliotecas virtuales ordenadas en los discos duros de sus PCs.
Sin embargo, siguen habiendo románticos que prefieren leer los libros impresos y no conformes con eso, los llevan a sus bibliotecas particulares, por que las joyas, no están digitalizadas y eso un buen ladrón-lector lo sabe. Entonces hago la diferencia, alguien puede robar por que los libros son inaccesibles para su bolsillo o porque cree que “la joya” estará en mejores manos en su biblioteca que en la biblioteca pública. Muchos de esos ladronzuelos han sido escritores y bibliotecarios. Como ustedes sospecharán no faltan libros de una biblioteca en las estanterías del hogar de un buen Pasador, les recuerdo que para robar libros, la mayoría de las veces hay que ser un buen lector, los que no leen no roban, así de simple.
Según Juan Forn escritor argentino, asegura en una entrevista que Roberto Bolaños robaba libros en su juventud, en su austera época de estudiante. Para algunos, el robo de libros, tendría como referente el ideal de Robin Hood, robarle al rico o al que tiene, la gran diferencia es que él repartía el botín. El libro tiene propiedades universales, para el ladrón ilustrado, es un objeto que nos pertenece a todos, como cualquier obra artística. Los que forman parte del negocio del libro, son los que permitirían la sobrevivencia del mismo y del escritor, como trabajador que recibe algún tipo de retribución económica, tal y como está estructurada nuestra sociedad. Sin embargo, existe el sentimiento de que un libro robado es más bien, algo rescatado de las fauces del comercio o del lector mediocre, esta apropiación se entiende como un acto irreverente contra una institución determinada, que aprisiona el objeto de arte, libre por excelencia. Los dos grandes “comemierdas” son el que presta el libro y el que lo devuelve, señala la escritora cubana, disidente de Fidel Castro, Zoé Valdés, es decir, los que hacen la transacción del libro como objeto salvaguardado, bajo la tutela de una biblioteca. En internet se pueden ver varias iniciativas que se denominan “libros libres”, también se habla de liberar el libro dejándolo en una plaza o lugar público para que alguien lo tome y lo lea, pasándolo después a otra persona en una maravillosa cadena, por supuesto que esta iniciativa requeriría de lectores y no se puede estar seguro del éxito de actividades como esta habiendo tanto desprecio por el libro. Un par de veces he perdido textos y he pretendido consolarme pensando en quizás este ha quedado en buenas manos, en alguien que llegue a apreciarlo tanto o más que yo. Pero, ¿quién podría ser?, es una incógnita. El libro, que representa el conocimiento, según estos conceptos, debiera volar y dirigirse sin ningún obstáculo hacia el que desee tenerlo o simplemente descubrirlo. ¿Qué afán hay entonces en el que rescata un libro para guardarlo en su biblioteca privada? Muchos prestan “sus” libros, a amigos que a su vez nunca se los devolverán, es como una carrera en la que el libro pasa por varios dueños, cada cual creyéndose su mejor cuidador o merecedor de este.
Lo que queda claro, es que el libro es un tesoro, por lo tanto no es cosa solamente de extraerlo, sino que implica un trabajo previo, ¿cuál es este? Saber lo que se roba, saber lo que se lee, tener preferencias literarias e identificarlo como tesoro y para eso el lector ha ocupado años en descubrir cuáles son las joyas más preciadas a través de su oficio como lector. Los que roban para vender, se fijan en que este esté mantenido en buen estado, casi nuevo.
Tal vez estas elucubraciones sean totalmente antojadizas y quien sea que robe libros, lo haga nada más que por incontrolable impulso de robar.

