Pasando y Pasando
Un amigo, al que voy a proteger, ocultando su identidad por la cercanía a otros amigos, ligados a mis amigos, me comentó una singular historia amorosa, un affaire sin horizonte para ser más claro. Se había separado hacía bastante tiempo y se encontraba falto de amor o “amor del bueno” como diría la canción. Así fue como la brisa marina del puerto le permitió encontrarse con un amor, bueno y fugaz. No fue demasiado detallista en su aventura, pero lo que más me llamó la atención fue que era bibliotecaria, ¡una colega!, sin ánimo de ofender, algo que por lo demás ya sabía, un día se produjo un diálogo muy interesante entre ambos amantes, el que quiero compartir con ustedes, a su vez, amantes del saber; mi amigo le preguntó si acaso ella atendía público en la biblioteca en que trabajaba, a lo que ella respondió enérgica: “no, yo no soy una pasadora de libros, yo soy el cerebro de la biblioteca” (institución muy prestigiosa que dejaremos por ahora en incógnito).
Esa frase fue crucial para entender de una vez por todas, el lugar que me correspondía ocupar dentro de una biblioteca y que da orígen al nombre del sitio en el que les relataré algunas historias de biblioteca.
Un pasador de libros, para mi suena a algo impersonal, sin estilo, menos personalidad, ni juicio crítico, ni cultura, que podría ser perfectamente un pasador electrónico, que lee el código de barra del libro y lo deja registrado en la ficha del usuario; lo divertido, si es que se puede llamar así, es que “cerebro” trabaja con pasadores como yo, come con ellos, les hará regalos para su cumpleaños, hasta a lo mejor les ha pedido consejos amorosos, transformándose en un pasador de consejos.
La magia de la literatura tiene que ver con su sentido humanista, por la comprensión, la sabiduría, el respeto por el saber del otro, por la identidad del otro. No pretendo que los pasadores hagamos causa común y lancemos en una rebelión, lo que le haría más mal a las bibliotecas.
Mi primera experiencia como pasador comenzó hace ocho años atrás cuando muy entusiasmado vi hecho realidad mi sueño de entrar a trabajar a una biblioteca, pequeña, pero biblioteca al fin. Estar cerca de los libros era un privilegio sin igual, pese a que yo venía del mundo de las imágenes en movimiento. Poder estirar la mano hacia la estantería y coger un texto, el que quisiera, luego otro y otro es muy excitante, lo digo en serio, así como lo es desabrochar un sostén en la oscuridad lujuriosa. ¿Acaso no consideran ustedes una experiencia placentera, el estar solo, con una luz baja, música, una copa al lado y un libro? En eso estoy totalmente de acuerdo con ustedes, no es una biblioteca, en primer lugar por que no se puede beber, aunque hay casos y casos, segundo no hay luz baja, sino altas, muy iluminado, a propósito hay una sala muy agradable, en la sección hemeroteca de la biblioteca nacional que tiene unas lámparas en los mesones de lectura lo que da un efecto estético muy agradable, porque es una luz baja, aunque haya otras fuentes que provengan del techo. Música ni hablar, no he estado en una biblioteca con música, excepto en las bibliotecas del metro, donde se puede escuchar la bella melodía orquestada por los pasillos, llegando a nuestros oídos con una reverberancia que es una miel para nuestros tímpanos, ustedes no tienen idea lo que significa escuchar esa música en determinadas fechas, fiestas patrias por ejemplo, imagínense “Qué bonita va” cuatro veces al día y no por Ray Coniff precisamente y aunque lo fuera, o los villancicos de navidad a fin de año, insoportable.
En pocos meses me conecté con mi trabajo al captar la esencia de este, es decir, las funciones de un pasador de libros, un ente con una pistola en mano que dispara sobre códigos de barra de libros, los coge con sus manitas y se los pasa ,- ¡atención el verbo!- al usuario. Claro que para ser justos también tenemos otra función muy interesante, recomendar o guiar al usuario en la búsqueda de algún tesoro literario. ¿Qué es lo que desea el usuario promedio, una mujer entre 30 a 50 años? “Un libro entretenido, que me atrape, que no haga pensar, que me distraiga, que me saque de los problemas”, ¿porqué no se busca un amante pues señora?, no, pero no me mire a mí...yo nada más...en fin. Entonces la ruta hacia el tesoro se va acortando, achicando, acotando, limitando y muchas joyas permanecen allí, como joyas, para unos pocos, que buscan algo interesante, un nuevo autor y carecen de dinero o simplemente no desean gastarlo para comprárselo, ¿será el treinta por ciento? Entonces, nuestro oficio comienza a tomar cuerpo de pasador, alma de pasador, el guía, la linterna por el laberinto de los tesoros literarios queda obsoleta, simplemente, estiramos la mano, incluso sabemos como acto reflejo a donde dirigirnos y “pasamos” el libro, que es una especie de píldora para esa pobre persona con tantos problemas, igual que la pastilla de Morpheus en “Matrix”, una píldora que nos lleva a otro estado, a una realidad distinta, fantástica, llena de viajes, amores exóticos y aventuras, la misma receta para distintas novelas.
Bueno amigos, poco a poco iremos descubriendo el mundo del “pasador de libros”, apasionante como pocos, ingrato, como muchos.


4 Comments:
amigo un saludo desde bogota ,este pais es bellisimo ,ojala lo puedas conocer ,te envio un abrazo ,tefelicito por tu blog,esta chevere como dicean aca ,nos vemos a la vuelta .
estan buenos las cronicas de biblioteca....te felicito amigo write.
julio
Ahora entendí el nombre de tu blog.
Saludos.
Si, concuerdo con usted, he visitado algunas bibliotecas de las que nombraste. La imagen que propones me parece sumamente excitante: un cómodo sillón, luz suave, el vino, paso, pero el libro es maravilloso poder tenerlo, poseerlo. Me reconozco como una de las pocas personas que aún les excita leer un libro, pero lo soy. Fue una sorpresa un día descubrir a través de sus escritos, que a usted pasador le pasaban cosas al tocar un libro viejo. Formas, texturas, dibujos, un libro es un placer. Por eso envidio su labor diaria. Aunque dicen que basta con que trabajemos en algo para que empecemos a odiarlo.
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